Dormir dentro de la leyenda: hoteles de lujo en la ciudad amurallada de Cartagena
Seis casas de condes, obispos y comerciantes convertidas en hoteles, de la azotea con jazz de Townhouse al patio de palmas de Casa Pestagua.
Hay una hora en la ciudad amurallada, poco después del amanecer, en que todavía no hace calor y las calles son de quien las camina. Las campanas de la Catedral suenan sobre los tejados, una calesa pasa despacio por la piedra mojada y, detrás de los portones, alguien riega las matas de un patio. Dormir aquí adentro cambia el viaje: sales a caminar de noche, vuelves a pie después de cenar y te despiertas con esas campanas. Estos son seis hoteles que recomendamos, de los más pequeños a los más completos.
Dormir dentro de la historia
Pedro de Heredia fundó Cartagena en 1533, y en pocas décadas la ciudad ya era tan rica que atraía a todos los piratas del Caribe. Después de que Francis Drake la saqueara en 1586, la Corona la fue encerrando entre murallas y baluartes durante casi dos siglos. Resistió tantos asedios que terminaron llamándola «La Heroica», por el de 1815, y en 1984 la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad.
Detrás de esas murallas vivían condes, obispos, comerciantes y familias criollas, en casas de dos pisos con balcones de madera, zaguanes altos y patios donde se refugiaba la brisa. Muchos de los mejores hoteles de hoy son esas mismas casas: se duerme bajo vigas centenarias y se desayuna donde antes se recibía a los virreyes.
El poeta cartagenero Luis Carlos López escribió que su ciudad natal le inspiraba el mismo cariño que un par de zapatos viejos, y Cartagena le tomó la palabra: le levantó un monumento a unos zapatos gastados, hoy junto al Castillo de San Felipe. Es esa ternura por lo antiguo, más que el lujo, lo que se siente al cruzar el portón de estos hoteles.
Aquí se duerme bajo vigas centenarias y se desayuna donde antes se recibía a los virreyes.
I · La mañana
A la sombra de la Catedral
El día empieza donde empezó la ciudad: alrededor de la Catedral y de la Plaza de Bolívar, entre balcones de madera y casas que pertenecieron a la Iglesia y a la nobleza colonial.
Casa del Arzobispado
Junto a la Catedral, en la que fue residencia arzobispal, un hotel de pocas habitaciones con un ambiente muy tranquilo. En la misma calle está Época, uno de nuestros cafés favoritos para empezar el día.
A pocos pasos, en la Plaza de Bolívar, el Museo del Oro Zenú del Banco de la República guarda la orfebrería de los zenúes, el pueblo que habitó las llanuras del Caribe mucho antes de Heredia. Fue un oro así, trabajado con una finura asombrosa, el que alimentó la fiebre de los conquistadores por estas tierras.
Ideal para quien busca silencio y un buen café a la vuelta de la esquina.
La Passion
Una casa de ocho habitaciones con pisos de piedra ajedrezados, balcones y escaleras que suben hasta una azotea con piscina y bar, con vista de primera fila a la Catedral.
No te pierdas la cúpula de la Catedral desde la azotea, al caer la tarde.
Casa Pestagua
Una mansión aristocrática colonial convertida en hotel, con patios y suites amplias. Fue el primer miembro de Relais & Châteaux en Colombia y fue premiado como el mejor hotel histórico del continente.
La casa la construyó en el siglo XVIII el conde de Pestagua, en plena calle de Santo Domingo, para que nadie dudara de su fortuna. Su gran patio interior, sombreado por palmas y plantas tropicales, sigue siendo la mejor prueba de que lo logró.
Ideal para quien quiere dormir, literalmente, dentro de la historia colonial.
II · La tarde
Casas para desaparecer
A la hora de más calor, la ciudad se recoge. Es el momento de los patios en sombra, las piscinas interiores y las calles donde casi no pasa nadie.
Bastión Luxury Hotel
Uno de los hoteles boutique de lujo más grandes de la ciudad amurallada, levantado sobre una casa colonial que conserva sus patios interiores. Tiene piscina en la azotea con vista a las cúpulas del Centro, restaurante, spa y gimnasio.
Ideal para quien busca servicio de hotel grande en una calle tranquila.
Casa La Cartujita
En la Calle del Curato, una mansión colonial restaurada con pocas habitaciones y una piscina interior pequeña. Íntima y silenciosa, para quien quiere sentir que la casa es suya.
En esa misma calle, junto al antiguo convento de Santa Clara, está la casa que Gabriel García Márquez se hizo construir en Cartagena, diseñada por su amigo, el arquitecto Rogelio Salmona, alrededor de un patio interior. Sigue siendo una casa de familia, cerrada al público, pero pasar frente a sus muros es parte del ritual de todo lector que llega a la ciudad.
Ideal para una escapada en pareja, lejos del ruido.
III · La noche
Azotea y jazz
Townhouse
A pasos de la Plaza Fernández de Madrid, pocas habitaciones y dos bares: la azotea, con piscinas pequeñas y vista sobre los tejados, y el bar del lobby, que los fines de semana se vuelve speakeasy con jazz.
La plaza lleva el nombre de José Fernández Madrid, nacido en Cartagena en 1789: médico, poeta y uno de los hombres de la independencia, que llegó a presidir las Provincias Unidas de la Nueva Granada en 1816. Pocas ciudades le dan a un poeta una plaza; Cartagena le dio una a la vuelta de sus mejores casas.
Ideal para quien quiere ambiente sin salir del hotel.
Epílogo
Antes de volver al hotel
Cuando cae la noche, la ciudad amurallada se vuelve otra. Los balcones se iluminan, las calesas recorren las calles de piedra y, tarde o temprano, desde alguna esquina suena Rebelión, la canción de 1986 en la que Joe Arroyo, cartagenero, contó la historia de una pareja de africanos esclavizados en la Cartagena del siglo XVII. Es la mejor señal de que la noche apenas empieza, y de que el hotel puede esperar.
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Todos quedan a pocas cuadras de Casa Salvaje, en la Calle Santa Teresa #32-41. Kanibal abre desde el mediodía, SLVJ sirve la cena desde las 7 pm y, de jueves a sábado, el club sigue hasta las 3 am. Mira los horarios.
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